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  1. #Sexo y Pareja
  2. Publicado: Sábado 14/11/2015

Sincericidio

En una nueva entrega, el equipo de Isabellina nos deleita con un tema controversial: aquel dialogo que deja la luz la infidelidad. Una reflexión que tiene como objetivo preguntarnos para qué lastimar con engaños si en una pareja sigue existiendo amor.

Sincericidio
“Si la vas a hacer, hacela bien” dice el tema musical que tarareamos una y otra vez. Es que, como dice el viejo dicho “Ojos que no ven, corazón que no siente”. ¿Qué sucede cuando no se ve pero se escucha y las palabras no son exactamente lo que queremos oír?

Sincericidio no es una palabra aprobada por la Real Academia, pero es tan usada, que ya forma parte del lenguaje coloquial. En su mezcla de sinceridad y suicidio, un combo entre ser sinceros e ir al muere: solitos nos mandamos a la guillotina, esperando el perdón para purificarnos y volver a sostener una relación fiel.

Vivimos hablando de la importancia de la comunicación en la pareja: decir lo que queremos, cómo y cuándo, lo que nos gusta y lo que no, dónde queremos que nos toquen y cómo queremos que nos mimen. ¡Hablamos de tantas cosas! Las palabras forman parte del vínculo de pareja, la hacen crecer.

Ahora bien, cuando de infidelidad se trata y la conciencia nos empieza a carcomer, a veces decidimos vomitar lo que sabemos que no es correcto, con el afán de librarnos del peso pesado que no nos deja ser. Nos armamos de valor y coraje. Sin medir consecuencia alguna, es decir, pensando más en nosotros que en lo que le va a suceder al otro con nuestro relato, sentamos a nuestro lado a la querida pareja con un “tengo que contarte algo” y nos dejamos llevar por las hazañas que nos dejaron un dejo amargo en el cerebro y un ricor en la piel.

Cuando la sinceridad pasa el umbral de lo permitido por el otro, destruye la pareja con las ilustraciones de detalles impensables y produce un efecto tan negativo que no se puede sostener…

Tan sincero que se acerca a una confesión de iglesia ¿pidiendo perdón? ¿Buscando redimirse? ¿Para qué? ¿Para quién?

La inseguridad de las relaciones es casi universal. Nadie tiene la fidelidad comprada, ni con un anillo, ni con las palabras de “hasta que la muerte nos separe”. No lo define una clase social, una profesión o un trabajo bien remunerado. Nada asegura la pareja perfecta y fiel.

Difícil tema el sincerarse luego de pasarla bien. Si no pediste permiso para divertirte, quién te da el permiso para destruir al ser amado con los cuentos que la violentan y hacen sufrir.

¿Por qué no pensamos mejor en alimentar la pareja día a día? Esa que elegimos para ser felices y compartir la vida. Nadie nos obliga a sostenerla, pero si está viva, merece nuestro respeto y dedicación. De otra forma ¿para qué continuar?
Mariela Tesler

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