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  1. #Arte y Cultura
  2. Publicado: Miércoles 17/09/2014

El alma de fierro

A Gustavo Anglese - vecino de Quilmes, autodidacta, de 53 años - le gusta la ficción, lo fantástico. Increíbles, visionarias y fantásticas son sus esculturas, en las que todo tipo de piezas de metal en desuso y otras tienen una segunda oportunidad: la de la belleza y el impacto del arte.

El alma de fierro
El taller de Gustavo Anglese es pequeño, poco más grande que el tamaño de una cochera hogareña. No hay allí ningún automóvil, sino montones de sus piezas, ¿inservibles?, apiñadas junto a trozos de chapa de diferentes grosores, perfiles de hierro, montañas de tornillos. Engranajes de todos los tamaños, resortes y émbolos de amortiguadores, cuadros de bicicleta, algún estante metálico. No se trata de una acumulación de chatarra. Esos fierros arrumbados esperan su segunda oportunidad. ¿Saben que algún día volverán a la vida, a tener una función? Saben, da a entender el artista.
En el taller hay herramientas, claro. No demasiadas: un equipo de soldadura eléctrica y otro de autógena, una morsa, un martillo, pinza, una máscara para soldar, guantes y traje de soldador y no mucho más. Huele a hierro oxidado y al acre aroma del humo de las soldaduras. Hay ese tipo de desorden que solo su dueño entiende. De un gancho cuelga, en forma de U, un gran manojo de cadenas rotas de bicicletas.
- Mirá, es la cabellera de Bob Marley, dice Gustavo.
No hay ningún proyecto del músico jamaiquino, calvo y en vías de convertirse en escultura, pero uno empieza a entender por qué todos esos fierros amontonados saben que en algún momento les llegará su día, que van a relucir a la vista y darán emoción.
Gustavo Anglese, 53 años, escucha más de lo que dice. No es una persona introvertida, solamente ahorra las palabras. Su mirada interroga y espera la conversación. A veces contesta con la mirada: se complica el ida y vuelta de preguntas y respuestas. Hay emociones en los ojos, muecas de disgusto,  incomodidad o complicidad, sonrisas y miradas dicen más que palabras para reunir en una nota. Anglese confiesa que nunca se llevó bien con la disciplina y que ha sido un rebelde sin causa en la escuela.  Dice que no podría vivir en otro lado que no sea en Quilmes, donde nació.

¿Cómo llegan tantos fierros hasta aquí?
Hay muchos mecánicos amigos que me los traen o yo los voy a buscar. Me conocen y no tiran nada, por las dudas. Además voy por la calle mirando todo lo que me puede servir, y me sirve todo, no descarto ni un tornillito.

Toda mi vida fue arte. De chico pintaba pilchas y las regalaba, pero cuando tuve familia había que comer. Nunca estudié arte y jamás me quisieron en los colegios. Me echaban de todos lados. ¿Y entonces?
Muchos me preguntan ¿con quién estudiaste? Soy autodidacta y algunos de los que saben me vienen a preguntar cómo hacer determinada cosa. Lo mío habla solo. Vivo del día a día, no tengo dinero de sobra como para invertir en una carrera. No es que sea un exquisito, es que no tengo plata y si la tuviera tampoco la gastaría en estudiar arte.

Dibujabas, pintabas ropa... ¿Por qué los fierros?
Comencé en un taller metalúgico en Villa Domínico y al día me di cuenta que quería ser escultor en hierro, con lo que hubiera, con las piezas que encontrara. Era muy chico, tenia 15 años y me pusieron a barrer y a cebar mate. Claro, era la manera de ingresar en un trabajo así. Tengo un espiritu rebelde y en la metalúrgica pedí que me enseñaran a soldar y de una me hice un banco para serntarme a tomar mate. En la hora del almuerzo me ponía a practicar soldaduras y a los dos dias de estar trabajando comencé a hacer al mediodia ya mis cosas. Me voló la cabeza la soldadura, el olor y ver lo que surgía de todas las piezas que iba uniendo, creando.

¿Fué tu primer y único trabajo formal?
En realidad tuve un montón de trabajos, pero no sirvo para trabajar para otros, sirvo para trabajar para mi. Pasé por muchos trabajos, muy disímiles y por etapas complejas. Tallé cruces, trabajé en fibrofacil piezas para pintura decorativa, hasta que un día, cuando tenía 25 años aproximadamente, me dicen por qué no iba a vender mis trabajos en ferias artesanales. Me sugirieron objetos utilitarios. Fue un fracaso total.  No vendí nada. Entonces di una vuelta y empecé con pequeñas esculturas y a partir de alli vendí muy bien. Recorrí las ferias artessanales más importantes de Argentina y siempre con el stand lleno de gente. De todos modos tenía una asignatura pendiente con las esculturas, no las que llamé Mini Anglese sino las que ya implican un compromiso mayor con las piezas y con la creatividad. Mucha gente me veía en la feria. Mucha gente mirándote te consume mucha energía. Te preguntan siempre lo mismo y llega el momento en que no puedo responder mil veces lo mismo. Por eso me alejaba un poco de mi espacio y me ponía a ver el ir y venir de la gente. Me acuerdo que una vez un feriante me dijo: "lo único que no tenés que escuchar es el murmullo de la gente". Tenía razón: te aturde y te agobia. Los Mini Anglese se vendían muy bien, servían como souvenir, regalos empresariales (Nota: en una expo de Km Arte de 2013 se expusieron una veintena de ellos). Y después me colgué y no quise saber más nada con el formato pequeño.
Anécdota 1
Estaba en una exposición en el Palacio San Miguel de Buenos Aires, pasa un señor, me toca la espalda y me dice: "Excelentes tus obras!!". Le dije "gracias" y  el tipo siguió. La persona que estaba conmigo se paralizó y me dijo: ¿viste el que te felicitó? es Juan Jose Campanella el director!!  Por suerte se dio cuenta que estoy siempre con la cabeza en mi mundo.

¿Por alguna razón en especial?
El desafio era ver si mis esculturas, ya en tamaño más grande, lograban un ida y vuelta con el público. Y funcionaron y gustaron, así que a los 50 años le dije a mi familia, hasta acá llegué, ahora me dedico 100% a mis esculturas y por las dudas tienen que buscarse un trabajo para ayudar al presupuesto familiar. Háganlo ahora, porque del taller no me sacan más (se ríe). La verdad es que me comen la cabeza, me llenan de energía las esculturas medianas y grandes. Son mi pasión. He logrado entrar y tener piezas expuestas en lugares y galerías que se resistían a exponerlas hasta que las veían. Es el impacto del hierro que tiene vida, calidez, que es acariciable. Pero cada pieza que hago, de la más chiquita a la más grande, lleva toda mi alma y mi corazón. Desde mi arte, para mí no hay piezas chicas o grandes en importancia.

Contaste tu experiencia en la feria. ¿Y en las exposiciones?
La gente se enamora de las piezas. El mio es un stand que captura público. No pasa desapercibido. Se paran, analizan, discuten con qué piezas en desuso está hecha cada escultura. Y sucede también frecuentemente que mis escultuas permiten que los hombres acompañen a sus mujeres a ver una exposición de arte que no les interesa particularmente. Ellos se enganchan con mis esculturas y pasan horas disfrutando como criaturas frente a mis personajes.
Estaré presente nuevemante en la exposición que organiza Km Arte en el Hall del Teatro Central del 23 de octubre al 9 de noviembre con mis dragones y mis personajes.

Si bien tu obra puede incluirse en la línea del Arte Sustentable, ya que todo lo hacés con materiales en desuso, se destaca por una terminación perfecta, sin la rusticidad y lo grotesco que tienen la piezas antes de tu toque.
La parte creativa la tengo incorporada, no me cuesta hacer nada, creo lo que sea a pedido o por sueño propio. Lo que más me cuesta es que, una vez terminada la pieza, queda como muy sucia y tardo muchisimo más tiempo en sacarle la escoria y pulirla que en realizarla. La terminación es lo menos creativo y lo que más trabajo me lleva. Cuando alguien toca una pieza mía, hasta esas partes que pueden ser punzantes son suaves al tacto. Me gusta que quede así, es mi orgullo.

El año pasado, Gustavo cumplió con un pedido personal para que hiciera un Alien para la primera exposición de Km Arte en el Hall del Teatro Central. Le pedí una escultura de unos 40 cm de alto, pero sin decir nada, trabajó 20 días a full, sin descanso y trajo una escultura mucho más grande e impactante. Quienes tuvieron la suerte de verlo en vivo y en directo, saben de lo que estoy hablando. Y si no basta con ver la foto adjunta para tomar dimensión del trabajo realizado. Hay más de 1.500 puntos de soldadura solamente en el espinazo de este Alien espectacular. Quedé eternamente agradecida.

¿Cuál es tu percepción del mercado del arte? ¿Qué pasa con tus obras?
Bueno, es un tema, porque venta hay, pero es mucho más fácil que la gente compre una pintura que una escultura. No es fácil que el comprador visualice el espacio donde ubicar una escultura. Es un objeto con volumen, que requiere de espacio para apreciarla en su totalidad y ése, en muchos casos, es la barrera principal para comprar una. Un cuadro se ubica en una pared. La escultura requiere de un espacio especial. La mayoria de las mias, requieren de mucho espacio. O que el comprador sea un trastornado como yo (se rie) para convivir con ellas y pedirles permiso, ya que invaden todo mi espacio y el de mi familia. (Nota: ocurre lo mismo en la pintura, hay artistas que deciden pintar obras en tamaños de 3 metros por 2 metros pero para la venta directa muchas veces se manejan con formatos más pequeños). Me desagradan los artistas que explican su obra con mucho verso. Si yo tuviese la cuarta parte de lo que hablan, quizá sería un artista más famoso. Pero no puedo inventar un discurso. Los discursos no me gustan. Creo que los que hablan tanto de cómo se inspiraron en su obra son personas inseguras. A mi no me interesa cómo se hizo una obra: o me encantó o no me encantó, no necesito saber más, eso es cosa suya. Y si algo no me gusta no opino. El arte es muy simple: entendés el arte y comprás arte, no entendés de arte y comprás arte.

Del taller metalúrgico al arte ¿cómo fuiste evolucionando?

Aprendí cada dia de lo que hago, de mí mismo. Es acierto y error. Tengo el boceto en la cabeza, sé lo que quiero. Y aunque a muchos les resulte extraño, las piezas me hablan y yo hablo con ellas. Llegamos a un punto de entendimiento que se plasma en la escultura final.
No tengo boceto previo. En mis obras, el boceto está en mi cabeza. Con las que me piden por encargo, me guío por fotos. No pienso en dimensiones, para mí las medidas están en mi cabeza.

¿Ves una pieza y determinás para qué es o empezás el trabajo y ahí surge su función?
Para las esculturas chicas y medianas no hay tantas piezas que puedan funcionar, por lo tanto, como en el caso de un engranaje, lo corto a la mitad y así lo utilizo. No compro nada para hacer nada. Mi obra reúne todo lo que encuentro o me regalan. Es por eso que cuando quiero hacer dos caballos no puedo terminar uno igual al otro. Son caballos, similares, pero no iguales. Ninguna de mis piezas se repiten, siempre tienen algo distinto.

¿Y por dónde empezás?
Tampoco sé por dónde empiezo, no me puedo copiar de nada. Realizo trabajos a pedido, pero con mi sello. No puedo ni me sale copiar. Siempre encaro los trabajos de una manera distinta y eso es lo que me encanta, porque no me aburro. Sé lo que quiero y los materiales también me lo dicen. La proporción la conozco: la tuve siempre en la cabeza. Aprendí por mi cuenta cómo hacer el trabajo a fuerza de errores y tropezones.

Hay una constante en tu obra que son los dragones, gárgolas, aliens, criaturas mitológicas y personajes fantásticos...
Me gusta la temática que tenga que ver con la ficción y lo fantástico. Hay más posibilidades de vender un toro, pero a mi no me importa. Prefiero a mis criaturas. Me encanta todo lo que tenga que ver con lo fantástico. Esto me vincula directamente con un artista muy admirado por mí que es Ciruelo, para quien recreé a pedido suyo "Rey Vultán", que recorre junto a sus obras toda la Argentina en la muestra itinerante que tiene.

El sello Anglese es el volumen,  la movilidad, la calidez y la terminación de la pieza.
Las piezas me hablan constantemente y yo les hablo A veces mi familia entra al taller y piensa que estoy con alguien. A una pieza le digo "mirá que me estás dando mucho trabajo" o  "para qué parte de esta escultura querés ir vos?

El taller es tu mundo aparte...
Si fuera por mí, viviría en el taller. Pero tengo una familia y a veces los reproches vienen por ese lado, porque no tengo horario para crear y armar lo que quiero. Yo soy un tipo muy egoísta con el laburo. Me acuesto a las 3 de la mañana, me lavanto a las 8 y sigo de largo hasta las 7 u 8 de la noche. No sé en qué dia vivo, en qué número del mes. Me transporto a otro universo.

¿Cómo te fue en tu visita a Alemania?
Llevé esculturas para regalarle a mi cuñada, que vive en Frankfurt. La verdad no me moví mucho y los últimos cuatro dias una amiga nos dice que vayamos a una galería para mostrar mi trabajo. La cara del dueño cuando vio las esculturas (y eso que no eran de las más grandes) no me la olvido más. Me dijo "esto se queda acá". Por lo tanto dejé mis pequeñas esculturas y volveré para trabajar directamente allá. Mis piezas son muy pesadas como paraa trasladarlas y siento que esperan verme trabajar en vivo. Ya tengo contactos en Francia para trabajar tambien alli.

Si tuvieras que empezar de nuevo, si te dan una nueva oportunidad ¿qué harias?
Sin duda lo mismo, todo. Desde ser echado de todos los colegios por vago y por conducta, hasta jugar más al futbol, que es de lo único que me arrepiento de no haberlo hecho más. Perdí una buena oportunidad de jugar en River,  pero bueno, quizá el barrio pudo más.
Estoy muy conforme con el camino que he recorrido. Obras mias tienen varios conocidos, como Marcos Mundstock y Les Luthiers, Chayane, Martiniano Molina, Daniel Grinbank, Sandra Mihanovich y Héctor Stark entre otros. En una oportunidad,  un escultor compró una pieza mia y me pidió autorización para sacarle mi firma y poner la suya para exponerla junto a sus pequeñas esculturas de modo de usarla como llamador a su stand. Le dije que sí y al tiempo me ve y me cuenta que la gente pasaba y le decia "pero esto es un Anglese". Qué increible, jaja.

¿Quién es Anglese?
Un tipo muy común, muy laburante, muy honesto, con códigos en un momento en que muchos lo han  perdido. Un tipo que respeta al otro, que se respeta y respeta mucho su trabajo. Soy una persona responsable, creativa, que ama lo que hace y lo traslado a todo en la vida. Al fútbol, a mis amigos, a mi familia. Todo lo hago con pasión. No me interesa hacer nada a medias. Creo que todo lo que hago y emprendo lo hago con todo el amor y la capacidad que tengo. En la vida hay que tomar decisiones en situaciones determinantes y hay  que jugarse por lo que sentís y por lo que querés. Quizá no es lo que te dé "guita", pero sí te da felicidad interna y vos sos feliz con lo que hacés. Después la plata va a venir sola. No busques la plata, busca hacer cosas que te hagan feliz. Hacelo bien, prolijo, jugate por lo que sentís. Hay mucha gente que tiene cosas para hacer pero no se la juega para hacer lo que le gusta. No es fácil pasar hambre, pero despúes el cambio viene solo y esa unión la hace la familia. Yo viví y vivo intensamente.

Anécdota 2
Una vez fui a recibir un primer premio de escultura en San Isidro y no me dejaban entrar. Por mi look (se rie) no creian que el premiado era yo.

¿Siempre se puede hacer un giro en la vida?
Sin dudas, el giro lo tiene uno internamente.Mi vida dio un vuelco cuando a los 24 años conocí a Vero (su mujer, quien lo acompaña, entiende y banca sus locuras, según Anglese) Yo no tengo filtro, soy así.

¿Con qué soñás?
Sueño despierto: que mi familia esté bien siempre, que es lo más importante que tengo.  Mis hijos, mi mujer, que no les falte nada. Siempre digo que Dios me de la oportunidad de seguir creando con mis manos y mi cabeza.

¿Algún proyecto pendiente?
No. De lo que es mi trabajo estoy totalme satisfecho y eso me lo hace sentir la gente día a día. Me encanta lo que hago y si puedo vender piezas en el exterior buenisimo y si no tambien, no me desvela en lo más minimo. Yo voy a seguir mi vida asi como la estoy viviendo, que soy feliz.
 



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Cecilia Tvrdoñ

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