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  2. Publicado: Jueves 01/05/2014

Una mirada de amor

La Cruzada de Casa M.A.N.U.

Una mirada de Amor - La cruzada de Casa MANU
Lo maravilloso del mundo que se crea a partir de hacer la Revista es la posibilidad que nos da de conocer gente, gente famosa que creemos conocer por lo que leemos o escuchamos en los medios, gente común de quien no sabemos nada y gente que tal vez es conocida en un mundo pequeño, intimo pero tan grande a la vez que cuando podemos espiar por la ventana nos desborda la emoción por haberlas conocido. Y eso nos pasó esta vez. Conocer a Silvia Casas nos dio esperanza, nos abrió el corazón y nos hizo creer una vez en esta especie tan compleja y tan hermosa a la vez que somos los seres humanos.
Silvia Casas, una Mujer Argentina Nada Usual…

Casa Manu no sería Casa Manu si Silvia Casas no fuera Silvia Casas. Tal vez, habiendo transcurrido unos años desde la apertura de la Fundación, ya haya un equipo, pero no podemos dejar de reconocer que Silvia es el origen de Casa Manu.

¿Quién es Silvia Casas?


Silvia Casas es una mujer de 57 años, madre de 4 hijos en la tierra y uno que dirige todo desde el cielo. Abuela de nueve nietos y recientemente bisabuela. Estoy casada con Jorge, mi compañero de ruta. Soy una mujer común, con un gran compromiso social que sentí desde joven, seguramente por algo que se vivió en mi familia de base, con mis padres. Mi papá y mi mamá nos dieron una educación solidaria y seguramente también tiene que ver con que papá fue un niño huérfano y vulnerable quien podría haber elegido un camino diferente. Sin embargo eligió ser un hombre de bien. Y yo aspiro a eso, a que los niños que tal vez no tengan otro pronóstico que terminar en la calle, puedan ser grandes personas.

¿Cómo comenzó Casa Manu?


Armamos el proyecto con amigos, familiares y seguidores de esta locura, porque esto comenzó así, como una gran locura por hacer. El proyecto era un hogar donde se pudieran alojar niños con diagnostico de VIH y donde les pudiéramos brindar una casa donde crecer así como la tuvo Emanuel. Este proyecto se amplió, ya que hoy no solo es un proyecto asistencial que se basa sobre todo en lograr que los niños tengan acceso a sus tratamientos retrovirales, sino que se instaló en la comunidad con campañas de prevención, con proyectos en las escuelas, con servicio de consejería gratuito para todos aquellos que tienen un diagnostico positivo o que vivieron una situación de riesgo. Ese primer proyecto creció y se instaló porque es llevado adelante por 43 voluntarios y esto habla de la solidaridad de la gente. Se instaló porque, trabajando junto a la justicia de menores, llevamos 17 adopciones de niños con VIH. Pensar que en el año 90 fui la primera mujer en argentina que adopto un niño con VIH. El proyecto se instaló porque trabajamos contra el estigma y la discriminación que sufren los niños o adultos que tienen VIH. Porque tratamos de llevar un mensaje positivo y de esperanza. No es lo mismo tener VIH hoy que en el año 90… Hoy es esperanza, una vida, amar, ser amado, estudiar, trabajar, y también tener hijos sanos, porque hoy es así, una persona con VIH puede tener un hijo sano. Entonces la misión del Hogar fue cambiando hasta llegar a esto que es un abordaje integral del VIH no solo con el niño, sino también con la familia y la sociedad.

Sabemos que el origen del nombre MANU (Mucho Amor Nos Une) surge de la relación con el nombre de Emanuel, tu hijo adoptivo, quien falleció a causa del HIV a los 8 años. ¿Cómo llegó a vos Emanuel? ¿Qué fue lo que te llevo a tomar esta decisión de adoptarlo sabiendo que un día Emanuel se iría?


La llegada de Manu fue en el año 90 y eran los primeros niños que nacían en el país. En el caso de Manu su mama biológica estaba internada en el Hospital Muñiz. Fue a tener a su bebé en la Maternidad Sardá y luego volvió a terminar su tratamiento al el hospital. En ese momento nosotros colaborábamos con los Hogares de Belén del movimiento Familiar Cristiano. Junto con Jorge, mi esposo, y mis tres hijos, Mariano, Alejandra y Eve, ya habíamos recibido chicos más grandes en tránsito, una semana o un par de días. Cuando nos proponen tener a este bebé, año 90, sida, la peste rosa, no había información, no se sabía nada… Algunas familias se asustaban, y era comprensible, y decían que no. No puedo explicar cómo fue nuestro sí, yo creo que estaba todo tejido desde arriba… Pensamos: “si nos llaman, nos necesitan, digamos que sí; seguramente después de unos días este bebé volverá con su mama…”. Y así fue como lo recibimos, 27 días, pequeño, herido, con los nudillos lastimados de llorar y golpearse las manitos en la cuna, en 27 días no lo habían bañado nunca…

¿Y cómo pasaron de unos días a estar con Emanuel toda su vida?


Manu fue creciendo con nosotros. Su situación judicial no se resolvía porque su mamá biológica no podía hacerse cargo. Fuimos viviendo esto de diferentes formas. Había familiares, amigos, compañeros de trabajo que lo sabían y otros que no lo sabían porque no todos estaban preparados en ese momento. Manu crecía como cualquier niño, iba a la escuela, jugaba a la pelota, iba a la colonia de vacaciones en el verano. El hacia su tratamiento una vez por semana en el Hospital Garrahan. Era difícil que sus hermanos pudieran decir en la escuela que su hermano tenía Sida, como se decía en ese momento. Yo estoy segura que Manu fue un niño feliz. Hizo lo que todo niño de su edad hace y porque nosotros no vivíamos pensando que se iba a morir, sino por el contrario, pensábamos que algo iba a aparecer. Manu partió 20 días después de cumplir 8 años. En dos meses se descompensó y a pesar de los denodados esfuerzos de todo un equipo del Hospital Garrahan, Manu murió, pero murió de una manera diferente. Murió en su casa, en su cama, con sus peluches, con la tele prendida con los dibujitos, después de haber dormido unas horas conmigo en la cama, murió en mis brazos y yo sentí en ese momento, que si bien no lo había parido, le estaba dando la posibilidad de otra vida, porque nuestro deseo era no verlo sufrir y con el aprendimos lo que es la muerte digna y más para un niño de 8 años.

Si bien el tiempo compartido con Emanuel pareciera que fue poco, fue más que suficiente para generar en Uds. el deseo tan generoso de seguir adelante, sin quedarse en el dolor por lo perdido sino en multiplicar todo lo aprendido con él. Lograste trascender la pérdida para transformarla en un proyecto de vida. ¿Cómo se llega a esto?


Cuando sucede algo así como la muerte de un hijo, yo digo que es como un tsunami. Perdés el equilibrio, pensás qué vas a hacer de tu vida ahora. Veía como se sentían mis hijos, mi esposo y ver como todos caímos en una gran depresión. La angustia de saber que no estaba y a la vez saber que era lo mejor que le podía pasar. La opción es quedar permanentemente en el dolor y convertir el duelo en algo patológico o salir y generar una acción como un homenaje continuo. Hoy, creo que desde mi capacidad de resiliencia, yo elegí salir como eyectada para poder demostrarle a Manu y mostrar a otros todo lo que podemos hacer con un gran dolor y cómo lo podemos transformar en una acción para otros. En este caso, para otros Emanuel. Comprendí que nosotros, como pequeña familia, pudimos aprender que en este acto de dejarlo partir en paz estaba la misión, y la misión era una casa como la que tuvo él donde otros niños en estado de abandono pudieran recibir todo lo que se pudiera hacer por un niño con VIH.

Imaginamos que más allá del dolor, llevar adelante el proyecto no habrá sido fácil…


Al principio costó, porque Silvia Casas era una lenteja en el mundo y yo no tenía recursos para comprar una casa. Entonces busqué ayuda sabiendo que no era lo primero que iba a recibir, pero siempre tocaba la puerta por el Sí. Un día me invitan a un programa de radio de Monte Grande. Alguien escucha y nos ofrece un pequeño departamento en PA muy deteriorado, pero no importaba. Los sueños son pasión y si no hay pasión no se realizan, entonces no importaba nada. En el año 2001 le dimos el marco Jurídico necesario y el 4 de Octubre de 2002 se inaugura Casa MANU. Un lugar donde pensábamos tener 5 niños y llegamos a tener 13. Pero necesitábamos una casa… Finalmente nos dieron un subsidio pero no nos alcanzaba. Solo llegábamos a comprar una casa más chiquita, pero priorizamos tener tierra. Y la compramos. Allí comenzó una movida solidaria impresionante! Hubo hasta organizaciones internacionales que aportaron dinero, ya que en la mayoría de los países, salvo en Latinoamérica, ya no hay transmisión vertical porque es la más fácil de erradicar. Y fue la Fundación Infancia que nos dio la terminación final. Logramos el sueño de que hasta los muebles fueran nuevos. El día de la Inauguración fue maravilloso...

Sabemos que estuviste visitando al Papa Francisco en el mes de Febrero. Si pudieras definir la experiencia en una frase ¿qué nos dirías?


Tuve la oportunidad de estar frente al Santo Padre en Febrero a raíz de una carta que le enviamos contándole lo que hacíamos y él nos invito para bendecir el proyecto. Qué difícil resumirlo en una frase cuando se lo escucha, cuando esta tan cerca… Cuando le dije que todos los voluntarios le dejábamos el cuadro con el logo, que es un dibujo hecho por Emanuel cuando tenía 6 años, me miro y me dijo, Señora dígale a los voluntarios que recen por mí. Ahí sentí la humildad de un grande

Hoy la fundación ya tiene 12 años. Si bien muchos logros se alcanzaron, seguramente aun hay necesidades que cubrir. ¿Qué necesita hoy Casa Manu? ¿Cómo se puede colaborar?


Casa Manu es una casa como la de cualquiera de nosotros, donde hoy viven 18 chicos y ya hemos tenido 60. Necesitamos todo lo que necesita una casa cualquiera: llenar la heladera todos los días, carne, verdura, leche, yogurt, productos de limpieza. Sostener lo nutricional es una tarea faraónica, con lo cual que nadie piense que tocar el timbre y dejar un kilo de carne picada es poco, no! Porque suma a otro kilo de carne. Otra forma de colaborar es el recurso humano, ya que se lleva adelante por voluntarios, una mano que pueda dar una mamadera, llenar el lavarropas, cortar el pasto... Cualquiera puede comunicarse con el Hogar al 4281 1116, acercar su donación de lunes a viernes de 8 a 18 en Weinam 662 o entrar a www.casamanu.org.ar porque allí también hay mucha información acerca del VIH.

Juguemos con la imaginación y pensemos que tenemos aquí para darte una varita mágica. ¿Qué harías con ella?


Si a mi alguien me da una varita mágica creo que lo que haría sería pasarla por este maravilloso país que es la Argentina y haría mucho hincapié en la niñez, en sus derechos vulnerados, en la niñez abandonada, que no llega a la salud, que no tiene educación y que luego se transforman en hombres y mujeres sin proyectos para que puedan encontrar su motivo para Ser. Una Argentina que no cuida a sus niños no puede salir adelante, no va a ser un país en serio nunca. Quisiera tener esa varita mágica para cambiar los corazones de los adultos que deciden en nombre de los niños.

Por lo que vemos en vos, sos una persona que se propone un objetivo y lo lleva adelante, más allá de los recursos disponibles. ¿Cómo te imaginás la Fundación de aquí a 10 años? ¿Cuáles son los sueños que tenés para la Fundación que aún están pendientes?


Imagino que Casa Manu ya no exista porque en Argentina se haya erradicado la transmisión vertical, pero sí que exista como prevención, acompañamiento, consejería y también mi sueño esta puesto en un dispositivo de atención especial para aquellos niños que tienen VIH y que han nacido con algún trastorno neuromadurativo que no tienen por qué estar institucionalizados porque tienen familia, pero que necesitan de una atención que hoy es muy cara.

Muchas personas hoy tienen la oportunidad de conocerte un poquito más a través de esta nota. Tal vez algunos estén pensando que les gustaría poder ayudar a otros y animarse a concretar esa obra solidaria que les viene dando vuelta en la cabeza y no se animan. ¿Qué les dirías?


Todos tenemos muchas cosas para dar desde donde estemos y a pesar de la situación que nos haya tocado. En mi caso la pérdida de un hijo fue un disparador para este proyecto. Yo les diría a quienes estén pasando por una situación traumática que no bajen los brazos, que sigan sus sueños, que los seres que perdemos siempre están desde un lugar diferente y nos empujan a seguir. Yo sé que es muy difícil no caer en la depresión, en el dolor, pero que eso sea un proceso con un principio y un fin que no se quede metido en nuestra vida, por que miremos donde miremos siempre hay alguien que necesita de nosotros y podemos generar una acción donde podamos poner una mirada de amor en otra persona.

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