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  2. Publicado: Viernes 01/11/2013

Superarse es ganar

Sebas Armenault, un maratonista solidario

Entrevista a Sebastián Armenault
En esta oportunidad nos hemos acercado al Megatlón de Martinez para presentarles a un verdadero corredor solidario, Sebastián Armenault.
Sebastián es ultramaratonista y acaba de conseguir uno de los logros más importantes en su carrera: completó la famosa Maratón de Sables, una maratón que tiene como extensión 250 kilómetros y como terreno el temible desierto del Sahara.

¿Cómo te presentarías?


Como una persona común y corriente. A veces el título es “Ultra maratonista solidario” y todo esto tiene que ver con el proyecto que armé hace 3 años, donde dejé mi escritorio de tantos años, un poco la estructura familiar y que la sociedad a veces te impone por hacer realidad un sueño que me llevó muchos años pensarlo y definirlo hasta que lo encontré.

Sebastián, vos eras director comercial en un empresa y también jugabas al rugby. Ganaste ese sentir de ayudar al prójimo, es decir, el running te permitió llevar adelante este proyecto.


En realidad, la parte solidaria es una de las patas de todos estos sueños que pude unir para armar el proyecto mío que tenía que ver principalmente con manejar yo mis propios tiempos. Después de muchos años de manejar empresas llegaba tarde a mi casa, veía poco a mis hijas, me perdía muchas cosas de ellas. Pero las necesidades son necesidades y, siendo una persona común y corriente, trabajaba como lo hace todo el mundo. Después vino la pata solidaria, el sueño de llevar este mensaje “Superarse es ganar” a toda la Argentina a través de la charla. Acabo de presentar los papeles para la fundación, que se llamará “Un Kilómetro una sonrisa” que no está abierto solamente al running sino a quien se quiera sumar. Otro de mis sueños es llevar la bandera Argentina a lugares remotos del continente, así que uní todo eso.

¿El running sirvió para unir todo eso?


El running empieza con esto del mensaje “superarse es ganar”, porque para mí correr era una gran limitación. Yo odiaba correr. Jugué al rugby 25 años y cuando venía la parte de entrenamiento físico me escapaba o no lo hacía, porque realmente me aburría correr. Entonces un día un amigo me dice “venite a correr a los bosques de Palermo con un grupo”. Fui, hice mis primeros dos kilómetros y casi me muero. Cuando terminé me pregunté internamente que si había hecho 2 km por qué no podía hacer 3, 4 o 5. Ahí empieza la historia.

La expresión “no puedo” es algo que muchas veces en tus conferencias vos mencionás como un bloqueo. ¿Cómo voy a correr yo 5, 10 km? Empezando de a 1, esa es la receta…


A veces nos ponemos objetivos tan largos que claramente el mensaje es “no lo quiero hacer”. Ahora, todo lleva tiempo, todo lleva preparación, como todo en la vida. Por algo uno va al jardín, primario, secundario, universidad. No podés, de un día para el otro, correr 300 km. Cuál es la idea, o mejor dicho, el consejo: es hacer kilómetro tras kilómetro con objetivos realizables. Que vayas disfrutando de cada uno de esos logros que vas teniendo, festejarlos (poca gente los festeja), y eso es lo que te mantiene vivo y motivado y así es como uno sigue adelante.

Viniste de correr recién en el Amazonas. El próximo desafío ¿a dónde te lleva?


El próximo es ahora el 16 de noviembre, que es una maratón 42 km, en Alemania con la particularidad que es a 900 metros bajo la tierra en una mina de sal.

Y ahí ¿se respira? ¿Tenés que correr con óxigeno?


Bueno, es parte de las dificultades. El oxígeno de golpe no es el ideal. A esta altura en Alemania deben hacer 5 grados y abajo hace 35 a 40 grados. El tema de la humedad y que falta aire. Es otra muestra más esto de superarte, que en definitiva vos corrés contra vos, porque acá también tenés que sobrepasar tus propios miedos. Esas son las grandes dificultades.

¿En que te basás para ponerte objetivos de estas características? Porque me imagino que esta debe ser una carrera única. Pero cuando vos decís “después de esto voy por tal carrera”, ¿qué es lo que te da a vos el lugar a elegir ese destino?


Generalmente te enterás por medio de otros corredores en medio de las carreras. Pero en realidad es la que siento, sumado a que mi proyecto por kilómetro dono a entidades carenciadas eso me lleva a buscar las carreras más largas que haya para conseguir más donaciones. Y también dentro de esto está el correr en todo tipo de superficie o todo tipo de lugar. La verdad que bajo la tierra nunca se me había ocurrido. Me entere y allá vamos.

Has corrido en 7 continentes. Esto involucra el polo sur, el desierto de Sahara, el Himalaya. Para todo esto hay una preparación física. ¿Existe también un entrenamiento en la rutina de tu mente como para poder afrontar estas exigencias?


Ninguno en especial. Yo siempre vuelvo a basarme en la gente común y corriente que entrena en Palermo como lo hace cualquiera, que entrena en Vicente López o en San Isidro alrededor del hipódromo. Yo no tengo un personal trainer, ni tengo un equipo atrás mío. A veces se cree que porque uno hace esto tiene todo eso, y justamente ahí está el mensaje: de hacerlo con lo que vos tenés y con lo que vos podés. El hecho de haber corrido ya varias carreras te da algún grado de experiencia. Vos ya te conoces, sabés tus puntos fuertes, tus puntos débiles. Como te contaba, yo tengo 4 operaciones de rodilla, con lo cual sí o sí tengo que ir al gimnasio 2 o 3 veces por semana para fortificar las piernas para poder mantener las rodillas. Y después entreno 4 veces por semana 1 hora y media, que es el mismo tiempo que yo entrenaba como cuando era empleado. No porque esté loco o porque quiera inmolarme en cada carrera, sino que para mí lo fuerte de mi proyecto es el mensaje, entonces yo voy con eso. Me da para poder terminar la carrera, entre los últimos como digo siempre. Sin embargo, estoy orgulloso de salir anteúltimo con la bandera Argentina y haber logrado los kilómetros para donar. Pero por sobre todo, para que nadie me diga que no se puede.
Al día de hoy podría entrenar 3 horas a la mañana y 3 horas a la tarde, 6 veces por semana. Cuando se lo cuento a la persona común y corriente, lo primero que va a decir en su respuesta es “tengo que trabajar, tengo familia, no tengo tiempo”. Ahora, si vos le decís que con 4 veces por semana, con 1 hora y media, puede cumplir su sueño (sea el que sea) vas a ver cómo el panorama cambia.

No competís contra nadie, competís contra vos mismo, esa es la carrera.


Jamás, jamás compito contra alguien. De hecho, termino muy al límite las carreras. Los tiempos para mí se me hacen mus difíciles, por los topes que se ponen en las etapas, por lo que no puedo ni pensar competir con alguien. Yo compito contra los tiempos que marcan las carreras. Inclusive, en algunas etapas no llego en los tiempos que exige la carrera, pero para mí lo importante es hacer los kilómetros. Entonces yo corro una carrera distinta y es mi carrera. Admiro a los que salen primeros. Cuando yo cuento que terminé los 250 km del Sahara y el primero se llevó u$s5.000 de premio y que yo salí #793 y que conseguí u$s50.000 en donaciones, no estoy sacándole el valor al que salió primero. Para mí es un monstruo y un fenómeno. Lo que yo quiero mostrar es que hay otra forma de sentirse campeón, ganando tu propia carrera.

¿Te sobrevino alguna vez el pensamiento de abandonar? Decir “hasta acá llegue, acá esta mi límite…


Eso es constante en la carrera, por eso la carrera es contra vos. En la carrera vos tenés ampollas, el agua caliente que tenés que tomar, dormís tirado. Ahora, en el Amazonas, debías dormir en una hamaca, colgado. Todo juega en contra en realidad. Vos estás constantemente contra tu límite mental. Si vos ves a la gente que corre esas carreras, físicamente están muy bien preparadas. Sin embargo, la mayoría de los abandonos son mentales. Cuando caés en ese pozo no salís más. Cuando vas camino a ese pozo oscuro se te enciende la lamparita y te dice “empezá a pensar cosas lindas, saca la mente de este lugar porque si no te vas al pozo”. Yo en mi caso digo que me llevo como un machete de historias lindas mías de la vida: unas vacaciones con mis hijas, una cena con amigos, una navidad en familia, un cumpleaños, otra carrera. Entonces, cuando estoy llegando a ese lugar, saco esa historia y trato de sentir en carne propia ese momento y esa alegría.

A lo largo de toda tu actividad, en especial la solidaria, debés tener muchísimas anécdotas. Contanos un poco la anécdota de Pepe, el Mar Platense.


Muchas veces me preguntan por una carrera, pero el ejemplo de Pepe viene bien para demostrar eso de correr tu carrera en definitiva. La historia comienza un jueves a la noche. Me suena el teléfono y una de mis hijas (yo estaba cocinando) me dice “papá te llama Pepe de Mar del Plata”. Atiendo el teléfono y se presenta: “Sebastián, soy Pepe de Mar del Plata. Sigo tu página y la verdad que me ayuda un montón. Me encanta lo que escribís. Te quiero pedir un favor: quiero armar mi propia ultra maratón, una maratón especial, para mi muy importante. Mi hijo tiene 8 años, tiene leucemia y está en proceso de recuperarse. Los médicos dijeron que dentro de 6 meses se iba a curar. Yo corro habitualmente 10 / 15 km acá en Mar del Plata, pero quiero hacer una promesa de correr del estadio mundialista de Mar del Plata hasta Miramar, ida y vuelta, que son 108 km.” Le digo “Pepe, la verdad, que me invites a semejante movida y algo tan fuerte y personal claro que sí, contá conmigo”. Seguimos hablando, intercambiamos los teléfonos y me dice “yo te voy llamando”. Pasaron 2 meses, 4, 6 , 8 meses, y Pepe no llamaba. Eso para mí era algo muy pesado, porque la carrera, si se hacía, era porque el hijo se había recuperado. No era por un tirón o hace frio o no hace frio, y yo no podía llamarlo para decirle vamos o no vamos. Paso como un año hasta que otro jueves a la noche, cocinando, mis hijas otra vez me dicen “Papá, Pepe”. Yo medio lo había borrado porque me hacía mal pensar en cómo estaría el hijo. “Sebas Sebas, le acaban de dar de alta a mi hijo, el domingo hago la ultra maratón”. A lo que le digo “Bueno, te felicito. Hacé como habíamos dicho, corré 10 km, pará, comé algo, hidratate, corré otros 10 km…”. Y se hace un silencio en el teléfono… “Pero vos venís conmigo” me dice Pepe. Y le respondo que era muy sobre la fecha, que era jueves, que como hacía para estar el domingo a las 5 am en Mar del Plata… Otra vez silencio en el teléfono… “Pero me dijiste que venías, no podés fallarme”. Entonces le dije “Ok, el domingo por la mañana estoy ahí”. Yo el sábado tenía un cumpleaños al que no podía faltar. Agarré el coche a las 12 de las noche, llegué a las 5 am al estadio mundialista, me cambié y me senté en el auto esperando a alguien que yo no conocía. Pasaba la gente que salía de los boliches, yo cambiado en pantalones cortos esperando que venga alguien, hasta que en un momento apareció Pepe. Nos dimos un abrazo, arrancamos y en definitiva lo que cierra esto es que cuando el termina, el hijo lo estaba esperando con la remera de Superman, porque a partir de ese momento su papa paso a ser aquel superhéroe por lo que había hecho. El mensaje es: acá no había ni largada ni llegada, ni cronómetro, ni una medalla, ni un cheque, pero yo te aseguro que haber compartido eso me hace sentirme el campeón del mundo de ese objetivo. Y mira lo fuerte que Pepe escribió en la página, lo leyó una familia de Nueva Zelanda y al año hice lo mismo allá sobre una situación igual. Yo fui a correr una carrera el sábado, de 85 km, y el domingo unimos Rotorua con Tauco. Fueron 120 km con el papá de un chico con el mismo caso y, mientras corría, la familia del chico en una casa rodante nos seguía.

Un hombre de deportes como vos ¿qué valores has descubierto en el running a lo largo de tu vasta experiencia?


Como has mencionado, yo vengo del mundo del Rugby, donde se rescata el valor del respeto, de lo mancomunado, del trabajo en equipo, de lo solidario. La verdad que lo que yo hice fue traer todo eso, sumado al mundo del running, y por eso todo esto de las charlas, todo esto de salir a correr en grupos, porque muchos piensan que el running es como solitario, pero en realidad puede tener parte. En la carrera estás vos, pero yo lo adapté a mi manera y a mi forma. En el medio de la carrera del Himalaya yo paré en una escuela carenciada y llevé cuadernos, lápices y golosinas y pasé a relacionarme con chicos de China con los que no podía ni hablar. En definitiva, eso es lo que a mí me mueve y me da energía para seguir adelante. Pude aplicar lo solidario en el running. Este sueño de llevar la bandera Argentina a lugares que a veces no conocen ni lo que es Argentina, el mensaje “superarse es ganar”, y por sobre todo que la gente encuentre lo que le apasiona, para mi ahí empieza todo. El running o lo que le apasione, tocar la guitarra, cocinar o leer. Cuando vos encontrás lo que te apasiona internamente se te prende ese fuego sagrado que es lo que te va a hacer derribar todo tipo de obstáculos para llegar a donde vos querés llegar.
Dejame agradecer a las empresas que juntos hacemos el proyecto solidario: Puma, Weber, Omint, Mormai, Gatorade, Municipalidad de Vicente López, DirecTV, muchas gracias, porque juntos cada vez que termina una carrera yo voy a buscar mi medalla, pero mi carrera termina cuando hacemos las donaciones.
Vivimos en una sociedad exitista, donde si no sos el campeón del mundo, donde si no batís un record, donde si no te ganás el cheque más grande o la copa más grande, parecería que fueras de segunda categoría. Yo trato de llevar y mostrar que, cuando encontrás lo que te apasiona, cuando lo haces, lo sentís y lo vibrás, cuando llegás a ese lugar, te aseguro que saliendo ante último te sentís el campeón del mundo.

El placer es nuevamente nuestro que nos hayas recibido. Y a aquellos que puedan leer y ver esta nota, por lo menos se van a poner las zapatillas para probar si esta es su pasión. Sino, como dijo bien Sebastián, identifíquenla, búsquenla y vayan a allí por su fe.

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