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  2. Publicado: Viernes 01/11/2013

Roberto Pettinato

Esos raros peinados nuevos

Roberto Pettinato
No de casualidad nos acercamos el pasado 12 de Octubre al Teatro Central. Sucede que Roberto Pettinato llegaba a Canning trayendo su show de stand-up “Me quiero portar vien”.
Hasta este punto las novedades no arrecian, ¿verdad? Nuestra verdadera sorpresa se dio cuando nos encontramos con él, antes del comienzo de la función.
“Roberto, ¿cómo estás? Nosotros somos de la revista Iniciar, que es una revista de la zona y…”. “Si, la conozco”, nos espetó así como de repente. Y agregó, “La llevo en el coche”.

Podrá imaginar, querido lector, que nos quedamos sin palabras. No solamente porque es un honor que una figura como Roberto Pettinato lleve esta revista consigo, sino porque, sencillamente, no habíamos pensado en ninguna otra presentación adicional!!
“Eh, bueno, que honor Roberto…”, atinamos a confesar. “Nos vemos en el show, pibe”, remató Roberto con una sonrisa cómplice. Por supuesto, el tipo, que goza de una velocidad cerebral meteórica, había entendido todo.

Empecemos de nuevo. Nuestro personaje de tapa de esta edición de Iniciar es Roberto Pettinato. Dicho así nomás, como al pasar y sin sabor introductorio, parece casi una falta de respeto. Y lo es. Lo es porque Petti es un personaje con órbita propia.
Usualmente antecedido por su fama de músico, humorista, libretista, periodista y conductor de radio y televisión, Roberto nos deja entrever que ser él mismo es un laburo intenso y llegar hasta donde ha llegado lo es aún más.
Podríamos preguntarle por su pasado como cronista, por su historia como conductor, por Sumo, por el Jazz, por Nueva York, por España, por cada late show… En fin, por una infinidad de tópicos que quisiéramos saber, pero como es un tipo que parece haber vivido todas las vidas (como soñaba el Negro Dolina) y nuestra revista no es exactamente una enciclopedia, preferimos comenzar por el presente.


Roberto, pudimos disfrutar de tu espectáculo “Me quiero portar vien” en el Teatro Central en Canning. ¿Qué significa el stand up para vos? ¿Por qué es necesario en tu vida encontrarte con el público?


El stand-up es lo que quise hacer toda mi vida, desde que en los años 70 vi la pelicula "Lenny Bruce" con Dustin Hoffman y la historia del primer standupero zarpado de la historia. Pero por miedo tuvieron que pasar 35 años para poder encontrarme con el público. Y si bien todos me dicen que en la tv hacia algo parecido con los monólogos, no entienden que es totalmente distinto. En la tv uno le habla a un trozo de vidrio llamado "cámara", y mi miedo era que el público me rechazara o abucheara o no aplaudiera. Un día, hace un año y medio, acepté hacer un show de standup dentro de una especie de festival de la cerveza, en palermo, con varios artistas. Y un amigo me hizo entender que si la gente paga por verte, mucho no te van a abuchear porque ya les gustás. Entre esa experiencia y esa reflexión, decidí lanzarme a este vacío tridimensional donde puedo volar sin red y sin alas por encima de todos.

Tu trayectoria en el mundo del espectáculo tiene muchas facetas. Sabemos que sos inmortal y que tu vida no tiene comienzo ni final, pero si lo tuviera, ¿cuál definirías como la profesión de tu vida? ¿Cuál es tu faceta preferida?


¡Soy un Sumo! Eso ya no tiene precio ni definición. Es un orgullo que llevo en alto. Soy músico y estuve en una de las grandes bandas del rock, pero también me di el gusto en estos últimos años de grabar free-jazz en nueva york junto a algunos de los históricos inventores del género. También es cierto que puedo darme algunos gustos en vida porque no vivo del free-jazz ni del stand-up.
Inventé un estilo en la radio de 6 a 9 de la mañana y tanto eso como los trabajos en tv me permiten vivir. Disfruto de toda esa mezcla de cosas y me divierto en todo, pero siento que soy yo en un 100% cuando cierro los ojos y toco el saxo, o cuando abro los ojos y veo al público en los show de standup.

Los artistas usualmente borran los límites entre las expresiones artísticas y el trabajo. En otras palabras, el arte es laburo. ¿Cómo concebís esa relación arte/trabajo? ¿Son lo mismo?


El arte es trabajo y el trabajo es arte. ¡Arreglar un auto en un taller es un laburo y también es un arte! Lo importante es animarse en algún momento a hacer lo que a uno le gusta. Quizás a vos te gusta un hobby, pero imaginate que algún día ese hobby es tu trabajo. ¡No lo vas a poder creer! Pero vas a seguir trabajando como un animal. El arte no es hacer nada, sino hacer cosas.



Tu infancia estuvo signada por algo que muchos no conocemos: el exilio. En una entrevista dijiste que “cada vez que me hacía amigo de alguien me tenía que ir”. ¿Cómo fue tu vida de niño?


Mi vida comenzó exiliado en mi propio país, en la Embajada de Ecuador por orden de la Revolución Libertadora. Mi padre se tuvo que ir por haber trabajado con Perón, y mi madre y yo estuvimos encerrados sin que nos autorizaran ingresar ni pañales a la embajada. Después vivimos por varios países y hasta estuve en la selva en Perú, cuando mi padre estaba a cargo de una cárcel allá.

Usualmente te escuchamos hablar de astrología y perfilar a los sujetos que se te cruzan. ¿Cómo afectan los signos del zodiaco a Roberto Pettinato? ¿Hasta dónde llega esa creencia?


Vengo de familia espiritista y conozco a los signos. Puedo hacer un horóscopo o un horroróscopo. Muchas veces adivino el signo de las personas apenas las conozco.

Los que te escuchamos en “El show de la noticia” a la mañana nos maravillamos de que un rocker pueda levantarse tan temprano. ¿Cómo es tu tren de vida? ¿Duele?


Mucha gente mira lo que hago y piensa que es agotador, pero no es tan así. Me levanto temprano tipo 5, voy a la radio y a las 9 ya termino. Después tengo todo el día libre hasta las 19, cuando voy al canal y grabamos CQC. No me paso todo el día en la productora ni preparando el programa de radio del día siguiente. Lo importante es estar enfocado en el momento de hacer las cosas...
Aunque me di cuenta que después de diez años cansa un poco estar enfocado de
6 a 9, así que finalmente voy a cambiar de horario. Perdón, prometí quedarme
20 años pero me voy a los 10.


Para terminar, un ping-pong de preguntas.

1) Si tuvieras que elegir tu lugar en el mundo, ¿cuál sería?
El lugar donde guardan una máquina del tiempo, para poder usarla y viajar a la época de “Game of Thrones” o a la sala de ensayos de Pescado Rabioso.

2) ¿Guitarra, saxo o batería?
Los tres, un instrumento en cada canal. Calamaro dijo que Sumo podría haber llegado a anticipar lo que hizo Morphine, sin bajo. Bah, no sé si es para tanto.

3) ¿Johnny Carson o Tato Bores?
Lenny Bruce y Eddie Izard.

4) Si tuvieras que deshacerte de un objeto personal ¿cuál sería?
Cada tanto me deshago de una esposa, jajajajaja!!

5) ¿Tele o radio?
Hace rato que deje de preguntarme si habia que elegir uno, cuando se pueden hacer las dos!

6) ¿Twitter o Facebook?
Twitter. Hay un millón de personas que siguen a un tipo que no sabe a dónde va.
Es extraño eso. No entiendo Facebook.

7) ¿Qué te gustaría que recordaran de vos tus hijos el día de mañana?
Las máximas, las sentencias y las grandes frases que cada tanto les digo, sabiendo que serán mi legado. Pero a veces creo que solo van a recordar si el departamento que les quedó es chico o grande. Jajajaja!!

8) Si pudieras volver a vivir un momento de tu vida, ¿cuál sería?
Cualquier experiencia que viví por primera vez, desde el sexo hasta un solo de Coltrane.


Reseña

“Me quiero portar vien”


Stand-up y empanadas de yacaré

Adentrarse en un show de Roberto Pettinato es dar un paseo breve por su forma de entender las cosas.
Al correrse el telón todos esperamos al sujeto sentado en la silla alta, parapetado frente al micrófono. Nuestro aplauso contenido se apresta a esta suposición. Pero no. La silla está vacía y Petti entra al trote al escenario. El aplauso estalla. Entendemos entonces que lo esperable no tiene cabida en este show.
Así comienzan 2 horas del más puro y desopilante stand-up, de la mano de un Roberto Pettinato inspirado e irreverente, que incorpora el diálogo con el público en los vaivenes de su narrativa.
Nos lleva al trote de un lugar a otro, en un recorrido que justifica el título de su show y que nos muestra que es un humorista que sabe manejar los momentos y aprovechar el contexto en el que pasan las cosas.
Se sienta, se para, camina, se detiene, toma una guitarra, canta, nos hace muecas, nos incorpora en los susurros roncos de una confidencia. Roberto está en su salsa y nos hace desear que el tiempo se detuviera. Pero no se detiene y, a pesar del cierre (con saxo incluido), nos deja con ganas de más.
Tal como se presentó, deja el escenario. En una combinación de galope y baile, con una sonrisa inefable y el don de un carisma comprador, Roberto Pettinato se oculta detrás del telón de la mano de Felipe, su hijo. El aplauso estalla una vez más.

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Roberto Pettinato
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