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  1. #Leadership
  2. Publicado: Domingo 01/09/2013

Lecciones de liderazgo

Servir, dominio de sí mismo y disciplina

Lecciones de liderazgo
Para inaugurar esta nueva secci√≥n en Revista Iniciar, nos pareci√≥ oportuno dedicar las siguientes l√≠neas al √ļltimo gran h√©roe de este mundo: Nelson Mandela. Su nombre es s√≠mbolo sonriente del sacrificio y la rectitud. Su legado nos ense√Īa sobre la vida y el liderazgo.

Mandela tuvo muchos maestros, pero el m√°s importante de todos fue la c√°rcel. Los veintisiete a√Īos que pas√≥ all√≠, moldearon su ser. La c√°rcel le ense√Ī√≥ dominio de s√≠ mismo, disciplina y concentraci√≥n. Lo convirti√≥ en el ser humano completo que todos admiramos.

Cuando su padre muri√≥, su madre tom√≥ las pertenencias del ni√Īo Rolihlahla -su verdadero nombre- y lo entreg√≥ al cuidado y educaci√≥n del rey Jongintaba. Mandela observ√≥ detenidamente el estilo y la actitud del rey. No era un hombre culto. No sab√≠a leer ni escribir, pero era el guardi√°n de la historia y las costumbres del pueblo. Se le ve√≠a como un gran servidor. El rey escuchaba las opiniones de sus consejeros y de la comunidad antes de emitir la suya propia. Nunca impon√≠a su voluntad. Siempre buscaba el consenso.

En √Āfrica existe un concepto conocido como ubuntu, que reconoce que somos humanos solo a trav√©s de la humanidad de otros. Si conseguimos cualquier cosa en este mundo, se deber√° en igual medida al trabajo y a los logros de otros.

De joven, Mandela era impaciente como ‚Äútodo joven‚ÄĚ. Quer√≠a el cambio para ayer. Pero las dificultades le ense√Īaron a ir m√°s despacio. Entendi√≥ que el apuro conduce al error y a juicios equivocados.
Lamentablemente nuestra cultura occidental recompensa la velocidad y vemos la impaciencia como una virtud. Tratamos de aprovechar la oportunidad en el momento en que se presenta y de responder a cualquier tipo de mensaje sin ponernos a pensar. Para él es mejor ser lento y ponderado que ser rápido solo para parecer decidido. Lo importante no es la velocidad de la decisión, sino la dirección de la misma.

Mandela es un pensador de larga distancia. Entiende que esa es la forma en que la mente trabaja mejor. Siempre pens√≥ en t√©rminos de historia; en c√≥mo se iba a ver todo desde el final. Quienes se gu√≠an por los titulares del momento, terminan siendo pensadores de ‚Äúcorto plazo‚ÄĚ.
Como muchas otras grandes figuras, Mandela trasmite una sensaci√≥n de confianza. Y por cierto, la confianza es la base del liderazgo. √Čl ha tenido en su vida muchas contradicciones, pero pocas hipocres√≠as. Es grande porque ha triunfado sobre sus defectos, no porque no los tenga.

Considera que todo el mundo es bueno mientras no se demuestre lo contrario. Parte del supuesto que, si pensamos bien de la gente, aumentan las probabilidades de que muestre lo mejor de sí misma. Para muchos esta filosofía puede denotar debilidad o ingenuidad. No es que no vea el lado oscuro de alguien. Es que no está dispuesto a ver solo eso.

Mandela busca lo positivo, lo constructivo. Elige pasar por alto lo negativo. La c√°rcel le ampli√≥ la visi√≥n que ten√≠a de la naturaleza humana, en lugar de restring√≠rsela. √Čl cree que si nos comportamos respetuosamente, incluso con aquellos que quiz√° no lo merezcan, podemos influir en que los dem√°s se comporten de manera m√°s respetuosa.
Cuando se convirti√≥ en el primer presidente democr√°ticamente elegido por una Sud√°frica libre, es probable que hubiera podido terminar su vida en el cargo si hubiera querido. Habr√≠a sido elegido por aclamaci√≥n para un segundo mandato. Pero √©l sab√≠a que su verdadero trabajo consist√≠a en ‚Äúfijar el rumbo, no en gobernar el barco‚ÄĚ. Cuando solo llevaba un a√Īo en su mandato, le preguntaron si se presentar√≠a a una segunda elecci√≥n. Contest√≥: ‚ÄúDesde luego que no‚ÄĚ. Mandela entendi√≥ que √©l deb√≠a dejar las huellas para que otros las sigan. Ese fue un acto caracter√≠stico de su liderazgo.

Podemos convenir entonces que la primera y más importante lección que debemos aprender en liderazgo, es la de servir. Sin ella, la capacidad de dirigir está limitada. Si el servir no es una expresión del propio ser, la autoridad está seriamente comprometida. En esto, Nelson Mandela es un gran ejemplo.
Diego M. Pollio

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