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  1. #Leadership
  2. Publicado: Jueves 01/08/2013

Aprender

Más allá de lo obvio

Aprender
Hoy nos encontramos nuevamente, yo muy contenta y agradecida a todos los que compartieron la nota anterior. Fueron tantos los comentarios y los mensajes recibidos, que me hizo pensar una vez más que las personas tenemos más en común de lo que creemos y eso nos pone en un lugar maravilloso: a pesar de creer tener tantas diferencias, nos parecemos mucho más de lo que pensamos. Y aquí una primera reflexión: ¿Por qué será entonces que experimentamos tantos desencuentros? ¿Será realmente por esas diferencias o será otra la dificultad? Cuanto más fácil sería si al mirar a los otros nos vemos un poco a nosotros mismos. Quizás tengamos algo que aprender…

Cuando hablamos del Cambio en la edición Nro. 13, dijimos que el primer paso es aceptar que hay algo para aprender, y que no estábamos hablando de cuestiones técnicas, sino aprender a desarrollar competencias inexploradas.

Normalmente cuando hablamos de aprendizaje pensamos en lo niños. Pareciera que aprender es una acción que se relaciona con la etapa de estudio y que se ejercita desde las niñez hasta la juventud. Después ya aprendimos y ahí salimos a la vida. Pero no, hablamos de otra cosa, hablamos de cuestiones que no están encasilladas en una materia con un libro de soporte y un profesor tratando que yo entienda.

Cuando hablo de aprender hablo de esas cosas casi abstractas que me atraviesan de pies a cabeza y que necesitan mucho más que mi razonamiento. Para aprender estas cosas necesito poner mi cabeza, mi emoción, mi orgullo, mi humildad, mis miedos, mis fortalezas, mi alma entera.

Sin embargo los niños pueden enseñarnos a los adultos cómo aprender. Ellos son materia aprendiente viva, son aprendientes constantes y demandantes en su más pura expresión. Aprender es experimentar y los niños son expertos. Ellos prueban todo lo que les intriga conocer, se lanzan, tocan, no se boicotean, confían, observan y descubren sin prejuicios. Si pensamos en un bebé cuando comienza a gatear vemos que un día decide que esa posición ya le incomoda y sale a explorar. Primero gatea y después de un tiempo, sin pedir permiso quiere ir por más. Se levanta, se agarra de una silla y allá va. Lógicamente después de los primeros pasos, se cae, pero solo mira a su alrededor y sin pensarlo allá va una y otra vez… hasta que un día ya no se cae más…al fin camina.

Los adultos muchas veces perdemos esa capacidad de recuperación. Ante el primer intento quedamos tendidos en el suelo casi llorando por haber fallado. Algunos se castigan con palabras duras que refuerzan esa sensación de frustración. Otros tiran la toalla y renuncian a sus deseos acomodándose en su incomodidad (si, si, no es un error de tipeo, la incomodidad se nos hace hábito y terminamos acomodándonos). Sin embargo, nadie pretendería que ese bebé pase de gatear a la mañana a pararse a la tarde y caminar a la noche. Solo si algo lo podemos realizar repetidas veces y llegar al mismo resultado efectivo sin ayuda externa entonces recién allí hemos aprendido. “Aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información” decía Albert Einstein.

Aprender es un proceso que implica tiempo. Es expandir nuestra capacidad de acción, es poder hacer hoy lo que ayer no sabía. Esto implica aceptar que “lo que si se” en relación al universo de cosas que “no se”, es un granito de arena en la playa. Sino, hagan una lista de lo que saben y otra de lo que no saben y verán con cuanta humildad uno debería situarse frente al hecho de que siempre hay espacio para aprender. Tal vez, verlo así nos libere de ese mandato que debemos saber todo, tener respuesta para todo y que decir “no se” es casi un sacrilegio imperdonable.

Otras veces es necesario desaprender y volver a aprender algo distinto, generar un contra habito que nos permita instalarnos en un nuevo lugar. Peter Senge dice, en uno de sus libros: “la gente no se resiste al cambio, la gente se resiste a ser cambiada”. Y debo decir que es cierto y que no es fácil, pero es posible. Para ello es fundamental encontrar placer en ese nuevo hábito e identificar los obstáculos del aprendizaje. El placer, el estímulo o el incentivo facilitará el camino. Identificar los obstáculos nos dará poder para no autolimitarnos. ¿Y cuáles son los obstáculos? Les muestro solo algunos que he escuchado decir en más de una oportunidad (a mi misma incluida!): “Esto ya lo sé!”, “¿Y este que me va a enseñar a mi?”, “Yo con esto no puedo”, “Esto en realidad lo tendría que aprender mi Jefe!”, “¿Para qué me sirve esto?, ”Si tengo que aprender queda en evidencia que no se”.

Estos obstáculos en realidad dicen mucho más de lo que pareciera. Cuando digo “esto ya lo sé” o “¿qué me quieren enseñar?” y me pregunto que más hay atrás de esas palabras tal vez encuentre autosuficiencia, algo de arrogancia, soberbia o miedo. Detrás de “con esto no puedo” quizá encontremos resignación, frustración o baja autoestima. “¿Para qué me sirve esto?” Los niños no se preguntan para qué me sirve aprender esto, no se autolimitan. Si creo que hay algo que no es para mí y que lo debería aprender otro, tal vez me pierdo la oportunidad de salir del lugar de pasividad y tomar un rol protagónico en mi vida. Aun más, me pierdo de ver cómo muchas veces cambiando yo indirectamente cambia también ese otro.

Cuando hago capacitaciones y procesos de coaching en empresas, puedo ver cuántas veces un jefe siente la presión de no poder reconocer frente a su equipo de trabajo que hay algo sobre lo cual no tiene conocimiento. Si esto se cerrara acá no habría problemas, pero normalmente siempre hay consecuencias que impactan no solo en las relaciones personales sino también en los resultados del negocio. Estas cosas nos suceden en todos los ámbitos. Las personas somos personas, con las mismas fortalezas y debilidades en casa, en el trabajo o en el club. Somos una unidad indivisible aunque a veces queramos ponernos diferentes trajes. Debajo de todos los trapos está la misma persona.

Los invito entonces a observar eso que cada uno sabe o al menos cree que aún tiene que aprender. Esas cosas que no se encuentran en la biblioteca por que son tan personales que las hacen únicas. Algunos aún no aprendieron a decir que no cuando quisieran hacerlo. Otros tal vez no se animan a decir no se, otros no saben decir yo puedo o necesito ayuda, otros no logran reconstruir una relación dañada con un amigo, un familiar o un compañero de trabajo por no saber pedir disculpas. El gran desafío es aprender a aprender. Parece un juego de palabras, pero no lo es. Es la llave para ir más allá de lo obvio.

Como escuche por ahí, los invito a cerrar los ojos hacia afuera y abrirlos hacia adentro, y ver qué cosas aun nos faltan aprender, de esas cosas que no tenemos manual de instrucciones.
Para empezar podemos volver al principio. Observemos a nuestros niños en su actuar natural, en su caerse y levantarse sin fijarse si alguien los vio, en su asombro ante lo nuevo sin miedo a reconocer que esto no lo conocía, en su capacidad de venir corriendo a preguntar cuando algo no lo entienden e insistir hasta el cansancio…. Hasta lograrlo. Seguro algo vamos a aprender…
Guillermina P. Ferrari

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