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  2. Publicado: Miércoles 01/05/2013

Viaje a lo profundo de mi ser

Lograr el vacío

Viaje a lo profundo de mi ser
No sé si será la edad (voy camino a los 42), pero últimamente disfruto mucho leer. Devoro libros en tan solo unas semanas. Claro está que elegir la obra, es todo un ritual. Paso muchos minutos, leyendo introducciones, prefacios e índices. Pero cuando se produce la coincidencia Alcoyana – Alcoyana, Veritas – Veritas, no dudo en pagar $60 o $580 por el ejemplar.

Caminando por la peatonal de Miramar, una noche de enero del 2012, me detuve en una de las tantas librerías y sentí el flechazo: “De qué hablo cuando hablo de correr”. No dudé.

Nunca clavé con tanto placer la sombrilla, la mañana siguiente a esa noche de verano. Sabía que luego de untarme con protector solar 65, iba a perderme en la lectura de mi nuevo libro. Solo Mary con sus mates, tenía permitido interrumpir ese ecléctico momento.
Lo que sigue a continuación es un “viaje a lo profundo de mi ser” descrito por la pluma del novelista japonés Haruki Murakami.

Correr es para mí, de entre las numerosas costumbres adquiridas a lo largo de la vida, la más provechosa y la que más sentido ha dado a mis días. Gracias a haber corrido ininterrumpidamente durante estos años, mi cuerpo y mi espíritu se fueron formando y fortaleciendo.

Correr cada día completamente solo, durante una hora o dos, sin hablar con nadie, no me resulta ni duro ni aburrido. Un tiempo de silencio sólo para mí se convirtió en un hábito decisivo para mi salud mental. Solo contemplar el paisaje y mirar hacia mi interior, alcanzan para que la hora sea preciosa e insustituible. Los días en que hace frío, pienso un poco en el frío. Los días en que hace calor, pienso un poco en el calor. Cuando estoy triste, pienso un poco en la tristeza. Cuando estoy alegre, pienso un poco en la alegría. Algunas veces pienso en cosas que me ocurrieron hace años. De vez en cuando me viene a la mente alguna idea. Nunca pienso en nada serio. Mientras corro, simplemente corro. Corro para lograr el vacío.

Competir con los demás, no es mi ideal de vida. Ver quién gana o pierde no me produce satisfacción. Me interesa más ver si soy o no capaz de superar los parámetros que doy por buenos. La mayoría de los corredores suele afrontar las carreras fijándose un objetivo concreto: “voy a correr 10k en tanto tiempo”. Si consigo recorrer cierta distancia en el tiempo que he fijado, he conseguido algo. Si no lo logro, pero he hecho todo lo posible, igual siento una reacción positiva que se vincula con la siguiente carrera.

Al principio no podía correr distancias muy largas. Aguantaba unos 20’ o 30’. Y terminaba agitado y jadeando. El corazón me palpitaba y me temblaban las piernas. Me daba vergüenza, hasta que entendí que esto era un proceso normal. Lo bueno es que seguí corriendo hasta que el cuerpo se fue adaptando. Y de a poco comencé a correr distancias cada vez más largas. Estabilicé mi ritmo de respiración y las pulsaciones fueron bajando. El acto de correr fue integrándose en mi ciclo vital hasta formar parte de él, igual que las cuatro comidas diarias, el sueño, las tareas domésticas o el trabajo. Correr pasó a ser un hábito.

Correr además de ser un ejercicio provechoso, ha sido también una metáfora útil para mi vida. A la par que corría día a día, iba subiendo la vara de los logros y, a base de ir superándolos, el que crecía era yo. Si hay alguien a quien debes vencer al correr, ese eres el tú de ayer.
Cuando digo que corro todos los días, hay gente que se admira de ello. Me dicen: “que fuerza de voluntad”. Pero tener esa fuerza, no significa que uno consiga todo lo que quiere. El mundo no es tan sencillo. Perder es algo difícil de evitar. Una persona, sea quien sea, no puede ganar siempre. Hay que tener presente que el tabique que separa la sana autoconfianza de la insana arrogancia es realmente muy fino.

Correr todos los días es vital. No puedo aflojar porque esté ocupado. Si tuviera que dejar de correr sólo porque estoy ocupado, no correría nunca. Hay pocas razones para correr pero muchas para dejar de hacerlo. Es por eso que en la vida deben establecerse prioridades. Hay que repartir ordenadamente el tiempo y las energías si no quieres que la vida termine volviéndose monótona y carente de sentido.
Los tiempos individuales, el puesto en la clasificación, tu apariencia, no son más que cosas secundarias. Para un corredor como yo, lo importante es ir superando, con sus propias piernas cada una de las metas. Quedarse convencido de que ha dado todo lo que tenía que dar y de que ha aguantado como debía. Ir extrayendo alguna enseñanza concreta de las alegrías y los fracasos.

Si algún día quisieran grabarme un epitafio y pudiera elegir yo las palabras, me gustaría:

Diego Martín Pollio


Columnista Revista INICIAR (y corredor)
(1971 – 20XX)
Al menos aguantó sin caminar hasta el final.
Diego M. Pollio

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